lunes, 1 de junio de 2009

VINOS DE CUBILLO.


Ribera

29/05/2009

Lagareando

Vinos de cubillo: afición, esfuerzo y mucha ilusión.

El concurso promovido por Cecoga en la Ribera del Duero se consolida con muestras de elevado nivel • La materia prima, la limpieza y un buen control, esenciales para la calidad

(extraído del DIARIO DE BURGOS.)

A. LÁZARO / ARANDA

Es un certamen ya referente para los elaboradores aficionados, y también una merecida oportunidad para dar a conocer el resultado de sus conocimientos y su esfuerzo. El Concurso de Vinos de Cubillo acaba de celebrar su tercera edición y una vez más ha permitido ‘descubrir’ a grandes elaboradores de cosechero en la Ribera del Duero, y sorprender con los vinos presentados.
Lo promueve la empresa Grupo Cecoga, SL, pero es indudable su repercusión social, pues sirve de estímulo a los cosecheros para cuidar mejor los procesos de elaboración y perseguir un producto de calidad, aunque éste no vaya a ser comercializado con contraetiqueta. Y a conservar una tradición. Y todo ello sin grandes parafernalias ni medallas de oro. De hecho, lo que más valoran los concursantes es la posibilidad de dar a conocer sus elaboraciones, que sean catadas por expertos, ver que van por el buen camino y, sobre todo, de contactar con otros participantes, intercambiar impresiones y comparar vinos.
«No hay dinero, el premio es un detalle simbólico. Es un reconocimiento a tu esfuerzo y un incentivo para todos», asegura Roberto Gutiérrez, ganador en la categoría de Tinto Barrica. Como buen arandino, dice haber tenido desde pequeño contacto con la vid y el vino, pero ha sido su asistencia al curso de Enología del Centro de Educación de Adultos, y sobre todo el entusiasmo de la profesora, Rosana, lo que le ha convencido para elaborar su propio cubillo y presentarlo al certamen.
Éste es el tercer año que elabora, y el primero que hace tinto con barrica. Roberto explica su sistema: «despalillo a mano, lo cual me permite hacer una selección de las uvas. Luego hago un estrujado muy suave, y tengo la fermentación muy controlada, entre 22 y 24 grados, en un sótano. La barrica que he usado era nueva, de roble americano de Kentucky, de tostado medio y he hecho la maloláctica en la barrica controlándola con un calentador de acuario dentro del vino», explica. Los trasiegos son manuales, con una manguera y cubos, y oxigena al aire, pero Roberto cuida mucho la limpieza.
También es importante la materia prima, y él ha usado uva Tempranillo de cepas viejas de La Horra y Quintanilla de Arriba, con un poco de Merlot para dar un toque más suave.

También la mujer

En la categoría de Tintos quedó vencedora Lourdes García, de Sotillo de la Ribera, activa septuagenaria que cuida el cubillo que elabora con ayuda de sus hijos y su hermana Mercedes, como si fuera su propio vástago. Es este control permanente (de la fermentación, el momento de meterlo en el cubillo, los trasiegos, el rellenado para que no se oxide), lo que, en su opinión, ayuda a la calidad final del vino. Junto a una exhaustiva limpieza de recipientes y utensilios y la materia prima.
Porque el tinto de Lourdes está elaborado con uvas de un majuelo de 46 años plantado e injertado por ella misma en uno de los mejores pagos de Sotillo, el Monte Tabor, y que también se encarga de podar. «Es una Tinta del País, uva vieja, de las de antes, muy fina y de muy buena calidad», afirma.
Y José Simón se llevó el primer premio en Rosados. Es otro alumno de Rosana y su curso de Enología y lleva seis años haciendo vino, pero no se ha atrevido a presentarse al concurso hasta ahora. Dice que no hay trucos especiales. Él escoge una uva Tempranillo de una viña de media hectárea que deja macerar ocho horas para pasar luego al sangrado. Añadir un cultivo de levadura adecuado y mantener el vino a una temperatura fría durante la fermentación (trabaja en una bodeguita que tiene en su casa de Fuentespina) hacen el resto. El resultado, un rosado de potente aroma y sabor a fresa, muy afrutado y «muy puro».
Reconoce que le dedica mucho tiempo (todas las tardes que tiene libres) y que elabora poca cantidad (180 litros), «porque así lo controlo mejor». También hace tinto.
Junto a ellos, merece la pena nombrar a los finalistas: Jaime Palacios (Baños de Valdearados) y Alejandro Gayubo (Sinovas), en claros, Ramiro Mínguez (Torresandino) y José Castaño (Pesquera) en tintos, y José Ignacio Rincón (Moradillo) y Guillermo Benito (Quemada), en Barrica.
Todos coinciden igualmente en destacar el apoyo de sus parejas, familia e incluso amigos en alguna parte del proceso de elaboración, y sobre todo, a la hora de disfrutar del producto de tantos desvelos.

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