martes, 25 de agosto de 2015

LA CARA OCULTA DE LA LUNA


LA CARA OCULTA DE LA LUNA
Estimado Sr.Coordinador de El Sotiblog:
La flamante foto –a cuyo autor felicitamos – que abre estos días el blog nos sugiere algunos comentarios que tal vez pudieran servir, aparte de otros menesteres, para distracción de sus distinguidos lectores.
La foto en cuestión refleja –con gran despliegue de luz que define volúmenes en los refuerzos verticales y en los surcos de las tejas, y que muestra, en un enfoque perfecto, los pináculos erguidos, la campana del reloj encerrada en su estructura de graciosos arabescos, la bola achatada que no es más que un mero adorno, la graciosa veleta apuntando a la región del frío y la artística cruz de remate– la cara norte de la torre de la iglesia una tarde de sol en uno de los días largos del año, delicadamente escoltada por un chopo y un ciprés. Esa es la foto, pero nadie diría que esta instantánea sea la vista característica de la torre de la iglesia. ¡No señor!
Sucede aquí algo similar, en cierto modo, como con la cara oculta de la luna: que existe, pero que no se ve casi nunca. Esta cara de la torre, sin embargo, sí que se ve (siempre que se entra al pueblo por la carretera de Burgos), pero nadie le presta mayor atención, como no sean pintores aficionados o fotógrafos de estilo. Está ahí porque tiene que estar, pero no vaya usted a comparar esta cara con la cara sur, que es la buena, la clásica, la que con una sola mirada nos hace fijar los ojos en el elegante caracol y en la extraordinaria fachada. Es decir, la cara de la torre que todos reconoceríamos al instante entre todas las del mundo, y juraríamos sin durar que es la más bella de todas.

Por los huecos de esta cara –que parecen enormes ojos vacíos– solo se ven recortes de cielo color pastel, y se escucha el discurrir del aire. De las campanas no se aprecia más que un escueto campanillo perfectamente camuflado entre los sutiles juegos de luces y sombras que provoca el sol al despedirse, que para cualquier espectador que no sea del pueblo pasaría completamente desapercibido. De forma que, a simple vista, tendríamos una esbelta y sólida torre, pero sin campanas. (El casi invisible campanillo solo servía –en tiempos pretéritos de más penalidades y miseria– para tocar a clamor, con leves campanadas melancólicas, cada vez que un angelito subía al cielo. Según el número de toques, los consternados vecinos sabían si el cuerpecito que ocuparía la caja blanca de miniatura sería de un niño o de una niña)
En esta cara norte jamás pondrá su nido la cigüeña, porque le apetece menos otear el paisaje de los páramos que descifrar las parcelas de San Isidro o las viñas de Uverde; ni las bandadas de palomas acceden al interior de la torre por sus menos luminosos ventanales; ni nunca los chicos salían a esta cornisa a practicar peligrosísimos alardes y exhibiciones estériles, porque las piedras tenían humedad y podían los infantes esbararse y romperse la crisma. Desde esta cara norte no se ve el caserío desplegado ni el ensamblado puzle de los tejados. Ni se pierden los ojos en los confines de la Vega del Duero, ni perfila el horizonte las lejanas insinuaciones de Somosierra.
No es esta del norte la cara oculta de la torre, pero como si lo fuera.
Atentamente.

  Desde la Tronera

1 comentario:

  1. No se como referirme a usted.
    Bueno si, como MAESTR@, pero no se si en femenino o en masculino. (bendita arroba)
    Lo de MAESTR@ esta claro, por lo que nos haces conocer y por como lo haces.
    Eres un aliciente para este Blog que de por si ya es interesante para un SOTILLANO.
    Espero impaciente nuevas entregas.

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COMENTARIOS:

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