jueves, 13 de agosto de 2026

Historia de ayer

 Hay historias que pasan de abuelos a nietos y que el tiempo nunca consigue borrar.


Mi abuelo Melquíades me contaba que, siendo él un muchacho, un día el pueblo se quedó a oscuras en pleno mediodía. Los animales se inquietaron, el silencio lo envolvió todo y, cuando el sol volvió a asomarse unos minutos después, el gallo cantó de nuevo, como si amaneciera otra vez. Aquel fue el eclipse de 1905.


En unos días tendremos la suerte de vivir un momento parecido en Sotillo, sin necesidad de salir de casa. Será uno de esos instantes que quedan grabados para siempre. Y quizá, dentro de muchos años, los nietos de quienes lo contemplen ahora vuelvan a recordar aquel eclipse con la misma emoción con la que yo escuchaba las historias de mi abuelo.