Después de tomar un chocolate con churros para desayunar, se cogieron los coches y se fueron a unos 6 Km., para desde allí comenzar una excursión andando por el monte, con la intención de pasear, y si algún boletus viesen los paseantes, meter en las cestas que para tal menester llevaban cada uno (curiosidades del destino: con 96 ojos solo vieron una media docena).
A las tres se montaron todos a los coches y se dirigieron a un restaurante de Roblegordo para degustar unos magníficos alubiones.
Con todo esto y después de tomar el café y cambiar alguna impresión todos devuelta para sus destinos, esperando que el próximo año se repita el evento.
Texto y fotos: Oscar MERUELO
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